La mielopatía cervical es una afección neurológica provocada por la compresión de la médula espinal en la región del cuello. Esta compresión interfiere con la transmisión normal de señales entre el cerebro y el cuerpo, lo que puede afectar la fuerza, la movilidad e incluso funciones básicas del día a día. Si no se detecta a tiempo, esta condición puede avanzar y generar secuelas neurológicas significativas.
En muchos pacientes, esta compresión se desarrolla de forma progresiva, debido a cambios degenerativos asociados a la edad o por alteraciones estructurales como hernias discales o lesiones traumáticas. En sus etapas iniciales, los síntomas pueden pasar desapercibidos o confundirse con molestias musculares comunes.
Causas frecuentes de mielopatía cervical
La médula espinal cumple una función vital, transmitir las órdenes del cerebro hacia el resto del cuerpo. Cuando existe una compresión en la región cervical, esta conexión se ve interrumpida, afectando tanto a extremidades superiores como inferiores. Las principales causas de esta compresión incluyen:
- Degeneración por envejecimiento: con los años, los discos intervertebrales pierden altura y elasticidad, lo que reduce el espacio disponible para la médula espinal.
- Hernia de disco cervical: una porción del disco se desplaza hacia el canal medular, ejerciendo presión directa sobre la médula.
- Lesiones traumáticas: fracturas o impactos en la columna cervical pueden generar desplazamientos que comprometen la médula.
- Formación de osteofitos: los espolones óseos, derivados de la artrosis, estrechan el canal espinal.
Este tipo de compresión puede no generar molestias al inicio, pero con el tiempo causa síntomas que afectan la calidad de vida y la capacidad de realizar tareas laborales. Lo ideal es una evaluación médica individualizada que determine si su actividad representa un riesgo para su salud neurológica.
¿Cómo se diagnostica esta enfermedad?
El diagnóstico temprano de la mielopatía cervical es crucial para evitar daños permanentes. Este proceso comienza con una evaluación clínica detallada por parte de un neurocirujano, quien examina la fuerza muscular, la coordinación, la sensibilidad y los reflejos.
Algunos de los signos que pueden alertar sobre esta condición son:
- Pérdida de fuerza en brazos o manos
- Torpeza o inseguridad al caminar
- Hormigueo o entumecimiento en extremidades
- Dificultad para realizar movimientos finos, como abotonarse una camisa
Para confirmar el diagnóstico, se indican estudios como:
- Resonancia magnética: permite visualizar el grado y localización de la compresión sobre la médula.
- Radiografías y tomografías: ayudan a analizar la alineación vertebral y detectar signos de artrosis.
- Electromiografía (EMG): evalúa el estado funcional de los nervios y músculos comprometidos.
Opciones de tratamiento disponibles
El tratamiento dependerá del estado clínico del paciente y del nivel de compresión observado. Existen dos estrategias principales.
Tratamiento conservador
Indicado en casos leves o sin síntomas neurológicos progresivos. Puede incluir:
- Fisioterapia específica para estabilizar y aliviar la zona cervical
- Medicamentos antiinflamatorios y analgésicos
- Adaptación de actividades diarias para evitar sobrecarga cervical
Es fundamental realizar controles periódicos, ya que la compresión puede avanzar incluso sin dolor significativo.
Tratamiento quirúrgico
Se recomienda cuando hay signos de deterioro neurológico o cuando la respuesta al tratamiento conservador es insuficiente. Las técnicas quirúrgicas más empleadas incluyen:
- Descompresión cervical anterior con artrodesis: se extrae el disco o hueso que causa la presión y se estabiliza la columna con una placa.
- Laminectomía cervical posterior: se accede a la médula por la parte posterior de la columna para ampliar el canal espinal.
¿Cuándo consultar?
Ante la aparición de debilidad, alteraciones en la sensibilidad o dificultad para caminar, se recomienda acudir lo antes posible a una consulta con un especialista. En casos de mielopatía cervical, el tiempo es un factor determinante. Mientras más temprana sea la intervención, mayores serán las posibilidades de preservar la funcionalidad y evitar complicaciones.
Si usted ha notado alguno de los síntomas descritos, no dude en buscar una evaluación especializada. Soy el Dr. Andrés Morales, neurocirujano, y estaré encantado de ofrecerle un diagnóstico preciso y un tratamiento integral adaptado a su condición. Una atención oportuna no solo previene complicaciones, sino que también puede mejorar significativamente su calidad de vida.

